
A menudo, cuando sabes que eres libre, que no le debes explicaciones a nadie, que solo tú modificas y alteras los horarios de tu bienaventurada existencia, haces de tu vida la mejor película que soñaste para ti mismo. Eres el artífice de tus mejores fantasías, de parrandas interminables y constantes planes para el fin de semana que se acerca.
Todo esto, de alguna manera, logra llenar las expectativas de lo que entonces se percibe como la felicidad completa… Pero ese torbellino de incontrolables sensaciones se va apaciguado por el irremediable “ataque de conciencia” que alguna vez (solo en algunos seres) logra asomarse por ese rinconcito del alma que parecía olvidado por completo.
A mí me sucedió… y a decir verdad, me sorprendió totalmente porque hasta hace tan solo un tiempo, vivía repitiéndome a mi misma, hasta el punto de convencerme, que esa era la forma en la que quería continuar viviendo, sin rendir cuentas sobre mis actos, sin sentir remordimiento alguno, justificando siempre mis ausencias….
Hasta que un día, no sé como o porque razón… muy a lo Julieta Venegas realmente reconocí en mi interior el “siento que hay en mí algo que está cambiando” suena gracioso, pero verdaderamente sentí que algo se cuarteo por dentro, pues cuanto más anunciaba y repetía lo satisfactoria que era mi vida, más sola, triste y vacía me sentía…
Ha pasado mucho desde entonces y aunque algunas cicatrices quedaron de aquello, me siento bien conmigo misma tal y como estoy. Gozando de la misma libertad que siempre tuve pero con responsabilidad y juicio; tomándome las cosas con calma, sin acelerar el paso, porque de eso se trata… de vivir rescatando lo mejor que podemos encontrar a nuestro paso y atesorando en el alma lo que realmente nos hace feliz y reconforta.
Todo esto, de alguna manera, logra llenar las expectativas de lo que entonces se percibe como la felicidad completa… Pero ese torbellino de incontrolables sensaciones se va apaciguado por el irremediable “ataque de conciencia” que alguna vez (solo en algunos seres) logra asomarse por ese rinconcito del alma que parecía olvidado por completo.
A mí me sucedió… y a decir verdad, me sorprendió totalmente porque hasta hace tan solo un tiempo, vivía repitiéndome a mi misma, hasta el punto de convencerme, que esa era la forma en la que quería continuar viviendo, sin rendir cuentas sobre mis actos, sin sentir remordimiento alguno, justificando siempre mis ausencias….
Hasta que un día, no sé como o porque razón… muy a lo Julieta Venegas realmente reconocí en mi interior el “siento que hay en mí algo que está cambiando” suena gracioso, pero verdaderamente sentí que algo se cuarteo por dentro, pues cuanto más anunciaba y repetía lo satisfactoria que era mi vida, más sola, triste y vacía me sentía…
Ha pasado mucho desde entonces y aunque algunas cicatrices quedaron de aquello, me siento bien conmigo misma tal y como estoy. Gozando de la misma libertad que siempre tuve pero con responsabilidad y juicio; tomándome las cosas con calma, sin acelerar el paso, porque de eso se trata… de vivir rescatando lo mejor que podemos encontrar a nuestro paso y atesorando en el alma lo que realmente nos hace feliz y reconforta.
MV
Marzo, 2009
Marzo, 2009






